Thursday, August 05, 2010

Anticipación

Si fuéramos de papel
el incendio
nos daría permiso
de dimitir
sin dudar.
Salirnos de la palabra
con gestos
grandilocuentes
en naranjas
encorvados y amarillos

Fulgurantes humos
abarcarían la escena
Ruidos apenas perceptibles
ocultos
sin disfraz
En los oídos
estrofas
nunca dichas
más

Si fuéramos de papel
incendiado,
con un soplo
sin aviso,
podríamos
dejarnos estar
hasta caer al agua
y
sorprendente
rigidizarnos

Si fuéramos de papel
las llamas
nos tomarían de sorpresa
después del estallido del primer fogonazo
y en el comienzo de un solo movimiento
desgarraríamos las penas
para siempre

no habría futuro
que no fuera
ceniza
Ni calor
que no fuera de adiós.

Friday, May 28, 2010



Lago del Desierto. Patagonia Argentina. Abril de 2010

Sunday, May 09, 2010

Un poema de José Emilio Pacheco (Mex).

Gota de lluvia

Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
Toda la noche estaba en esa humedad sombría
que de repente
iluminó la luna.

Saturday, May 08, 2010

Debo decir
que la tarde masculla
una tormenta
entre blancos de variada espesura
Casi con sigilo
pero sin detenerse

Wednesday, September 26, 2007


Sin ir más lejos,
esta tarde renové las esperanzas
Salpicadas de color celeste se fueron asomando a mi ventana.
Y sin mayores sobresaltos
agotaron las ganas de decirte nada.

Se hicieron torbellinos de miradas
que con piruetas de recuerdos caros
me fueron acercando decisiones
que te dejan lugar entre semanas.

Como una cartera de terciopelo negro.
Acaricia.
Al cuello.
Es de seda mi nueva compañía.
Se desliza en el hombro y sostiene la espalda con un beso de soplo.
Así, despacio, se detiene en las llamas.
Un modo de decir

A ver si queda claro: no hay más confusiones posibles. El tiempo acaba con la vida y la vida se termina en esa esquina. En esa puta esquina en que no me amaste y en la que no pude decirte cuánto te quería. Ni qué hablar de los sueños de libertad, de las peleas perdidas, de las mentiras descubiertas. No eras vos quien yo soñaba, ni era yo la tan temida.

Ahora pongamos las cosas al revés: vos me querés, yo te deseo y la vida no termina. Al revés es soñar antes de estar dormidos y dormir sin estar prevenidos. Al revés es mirarte desde el hueco sin que el cielo aparezca en el camino. Y como un animal ensordecido, mudo y sin miradas: salir corriendo sin avistar para atrás porque lo que pasó no ha sido.
En las manos se enhebra
y con las manos se anuda.
Todo el tiempo que puedas
todo el mundo que tengas.

Irresistiblemente me sumerjo.
Sumergido en el centro.
Con poleas de sueño
que trepidan sin ruido.


Qué extraña idea la que me atormenta.
No puede ser,
no lo creo:
si nos perdemos en otro
el otro ya no existe
Y perderme es posible
después que te he querido.

No dejes que te explique
No resistas olvidos
Sincero en el encanto
brindemos precavidos.

Todo el tiempo brindemos.
Brindemos con amigos.
Con los hijos que fueron.
Con las dulces sonrisas
que se hicieron de frío.
Fragmento del cuento “ El viejo Antonio, el topo, el león y el niño”.

Así mata el león.

El león es fuerte, porque los otros animales son débiles. El león come la carne de otros, porque los otros se dejan comer.

El león no mata con las garras o con los colmillos, el león mata mirando. Primero se acerca despacio, en silencio, porque tiene nubes en las patas y le mata el ruido. Después salta y le da un revolcón a su víctima, un manotazo que tira más que por la fuerza por la sorpresa. Después le queda viendo, la mira a su presa.

Así, el pobre animalito que va a morir se queda viendo nomás. Mira al león que lo mira. El animalito ya no se ve él mismo, mira lo que el león mira.
Mira la imagen del animalito en la mirada del león. Mirar que en su mirarlo del león es pequeño y débil.
El animalito ni se pensaba si es pequeño y débil. Era pues un animalito, ni grande ni pequeño, ni fuerte ni débil.
Pero ahora mira. En el mirarlo del león mira el miedo y mirando que lo miran el animalito se convence él solo que es pequeño y débil.
Y en el miedo que mira lo que mira el león, tiene miedo. Y entonces el animalito ya no mira nada. Se le entumecen los huesos, así como cuando a uno nos agarra en la montaña el agua en la noche de frío. Y entonces el animalito se rinde, así nomás. Se deja. Y el león se lo zampa sin pena.

Así mata el león. Mata mirando.

Pero hay un animalito que no hace así. Que cuando lo tapa el león no hace caso y sigue como si nada. Y si el león lo manotea él contesta con un zarpazo de sus manitas que son chiquitas pero duele la sangre que sacan. Y este animalito no se deja del león porque no mira lo que mira. Es ciego.
Topos le dicen a estos animalitos.
El topo se quedó ciego porque en lugar de mirar hacia fuera se puso a mirarse el corazón. No ve la fuerza del león, ve la fuerza de su corazón.

Entonces lo mira al león y el león lo mira que lo mira el hombre y el león mira como mirando del hombre que es solo un león.
Y el león se mira que lo mira y tiene miedo y se esconde.

(de la revista de Liaison y a pedido de mi sobrina Pepus)
Es azul.
Como tus sueños.
Como el cielo de los juegos infantiles.
Azul marino de Mariana.

Profundo.
De sosiegos y anoches
y hoy
por la mañana.
De descansos insurgentes.

Impenitente
En lo alto la vista se pierde
Blancos internos
en roja sangre bulliciosa.

Pocas veces
la primavera unió su tiempo con el tuyo
y un paisaje tan al sur de nuestro mundo
tan al norte de tus alas.

(A Mariana en su cumple anterior)
TODO EL NOCTURNO

Todo el nocturno ha pasado por mi mente.
Todo es desierto y nube agonizante
Si de tu mano siento que hay caricia,
de tu boca el porvenir, feroz
desaparece.

Te vivirás cansado
Te sentiré sin ganas
Expandiré sonrisas que deslumbren y seré, nuevamente,
mariposa que muere en la mañana.

Me aburren agonías prometidas
Me deslumbran amores cotidianos
Me visto y me desvisto para amarte
Y te beso sin que el beso acabe

Al fin,
lo mismo da.
Decidir que me voy estaba escrito,
Es solo que,
frente a las letras,
me transformo en imbécil lector de cualquier dato.

Miradas que se pierden en el río
Verdes de un árbol que nunca ha sido el mismo
Y las poses de fotos deslumbrantes
que en blanco y negro quedaron sin instantes.
Esto es mío.
Mío tras las pesadillas.
Mío.

Esto es tuyo.
Tuyo tras las permanencias.
Tuyo.

Esto otro, es mío y tuyo,
tuyo y mío nada más.
No hay modo.
No encuentro la manera. Si vuelvo la cabeza estás ahí.
Y si te busco no te encuentro.
No hay modo.
La vida se acurruca en la manos envenadas,
mi cuerpo se torna flores nuevas y te abrazo
sin que estés.
Ya no hay modo.
Lo que se dio no estaba.
Y lo que nace muere, solo.
No hay modo
Ni paso atrás.
Estoy viva
Y lo siento
Y lo hago
Y lo digo
Y no hay modo.